Memorias de una lucha por la vivienda digna en el barrio Nuevo Chile

Tiempo de lectura: 10 min.

Realizado por:
Omar Pacheco Hurtado, Julián González Quevedo, Jonathan Cucaita Rojas

I

Bruscamente el cielo se nubla, aproximadamente treinta y cuatro familias, pueden ser más, ocupan el terreno ya tomado por otras tres hace unos meses. Son las 7 o 7:30 de la noche del 14 de febrero de 1971, la noche es fresca, caen las primeras gotas sobre el solitario llano. No todas las lluvias son como las describe Lorca, un besar azul que recibe la tierra, que hace vibrar el alma dormida del paisaje; esta, cae indiscriminada sobre las casetas construidas de forma elemental con tela asfáltica, palos de guadua y tejas de paroy. La lluvia tiene un vago secreto esta noche, canta y resuena en la costa aún sin mar, aunque los recuperadores de tierra nombren el lugar como el mar de tranquilidad. El secreto deja de serlo cuando entre los raudales se aproximan tres camiones de la Policía, el tiempo no parece importar mucho para las personas que se resguardan del agua, son como las 9 de la noche. Entre el agua, que llega más arriba de los tobillos, Carmen agarra a su hijo, no hubo tiempo para más, los oficiales apresan a las personas y las suben a los camiones. La llovizna es permanente y el frío bogotano emparama las ropas mojadas de las familias que se rebullen por el movimiento del camión. Los acontecimientos sucedieron entre la autopista sur, el río Tunjuelito, General Motors y Carboquímica, al sur de Bogotá.

Terreno Mar de Tranquilidad un día después de la toma. Material fotográfico cortesía de Lucio Lara.

Entre todas las personas, está Carmen Minotas. Nacida en Limones, Cauca; dice, si usted mira en el mapa, aparece una rayita pequeñita, pero en ese pueblo éramos felices. A pesar de tenerlo todo se fue para Buenaventura, Valle, durante los siete años que residió allí cursó hasta segundo de bachillerato y, comenta, cometió el error de conseguir un enamorado. Se marcha nuevamente, esta vez para Bogotá. Para las décadas del cincuenta y del sesenta, la migración interna se agudiza, de acuerdo con Alfonso Torres, por dos factores, el recrudecimiento de la violencia rural
bipartidista y por la industrialización de las grandes ciudades
. El caso de Carmen está orientado, en parte, por el segundo factor, viaja para Bogotá, el principal receptor de migrantes internos en Colombia, detrás de su hermana y hermano, buscando una estabilidad en lo laboral.

Las ciudades conformadas en Colombia se establecieron principalmente por la migración de campesinas y campesinos que fueron desterradas y desterrados de su territorio. Por lo que, su llegada a las grandes ciudades, además de producir rupturas culturales y de su filosofía de vida, generó procesos de exclusión al tratar de incorporarse a las dinámicas de ciudad, causados por la violencia estatal.

El drama que tuvieron –aún tienen que– asumir la mayoría de las y los destechados en Bogotá, de acuerdo con María Elvira Naranjo, producto a la desintegración social y a la brecha que existe entre el campo y la ciudad, son aspectos esenciales para comprender las condiciones histórico-sociales presentes en la formación de las ciudades y sus consecuentes transformaciones políticas con profundos interrogantes sobre el sentido de una democracia sin inclusión social de amplios sectores de la población.

El gran éxodo generado por los procesos de industrialización, pero por sobre todo por la violencia bipartidista, llevó a Colombia a atravesar por una de sus grandes transformaciones, el proceso de urbanización; el cual tuvo su mayor auge entre 1950 y 1967. Es decir, mientras que en 1950 tan sólo una tercera parte de la población colombiana vivía en cabeceras municipales, para 1980 la población urbana representaba los dos tercios de la población total del país.

De acuerdo con Torres, inicialmente, Bogotá a mediados del Siglo XX, en el año 1948, habían más o menos 500.000 habitantes, de ahí con la masiva migración, en 1974 la población se triplica, hay en Bogotá 2’800.000 habitantes. El principal efecto es el crecimiento demográfico, pero evidentemente también el espacial, es decir, el tamaño de la ciudad también se multiplica, para 1972 pasa Bogotá a tener 18.000 hectéreas de área ocupada, esta última durante el Frente Nacional.

Colombia, pasó de ser un país rural en la primera mitad del siglo XX, para convertirse en un país urbanizado en su segunda parte.

Censo Nacional de Población del DANE, 1985. Tomado del
trabajo doctoral de María Elvira Naranjo.


II

Llegamos a la Escuela General Santander, nos dejaron una noche en las caballerizas, en medio del olor a estiércol y orina de los caballos. No les importó que entre nosotrxs hubiese niñxs. Saben que están presos por invadir un terreno aledaño a Carboquímica y General Motors, no porque les hayan dicho de manera formal el porqué de su captura, lo infirieron por la forma peyorativa en la que una y otra vez
los agentes les repetían invasores comunistas.

Fustigados por los insultos, obnubilados por el olor a mierda, cansados y con el frío entre los huesos, son increpados por un fantoche, como lo describe Minotas, que alardeaba sus estrellas, las cuales justificaban un recorrido amplio por la institución de la Policía Nacional, se hace llamar, General Pantoja. Acusaba de forma incesante, él quería que le contáramos quién nos estaba organizando y dónde nos reuníamos. Todo marchaba de acuerdo a la orientación que se daba en las reuniones preparatorias a una toma, nadie mencionó que estos encuentros se llevaban a cabo en el recién apropiado barrio Policarpa Salavarrieta. Siempre sostuvimos ante el General, que las reuniones se llevaban a cabo en la Plaza de Bolívar.

Durante la madrugada, cuando la temperatura es más baja, el General Pantoja, ordena que las familias sean retiradas de la Escuela General Santander, los oficiales que conducen a las familias preguntan sobre el lugar, y de acuerdo con la ubicación de los terrenos invadidos, Pantoja dice que es competencia de la Alcaldía de Kennedy. Estando allí, no hubo siquiera que bajarse, en la alcaldía creían improcedente dejarles allí, porque no era su competencia y, porque para ellos ni siquiera deberían estar presos. Sin embargo, las personas no son liberadas, y, como
dice comúnmente el dicho se tiran la pelota, de un lado al otro. El trámite burocrático termina por definir qué es la Alcaldía de Bosa la que debe atender el arresto.

Mientras los policías iban transportando de un lado a otro a unas 150 personas, sin razón aparente. Un claro caso de abuso de autoridad por acto arbitrario e injusto, de acuerdo con el artículo 146 del Código Penal, una muestra de despotismo reposaba en el lugar que durante la noche anterior sirvió de hogar para un poco más de 34 familias.

Quien observa cómo quedó el terreno, es otro de los recuperadores de tierra, Lucio Lara, el hombre que, con su cámara, ha fotografiado la historia del barrio. De familia paisa, oriunda de Fredonia, Antioquia; padre Liberal, lo que motivó a un desplazamiento continuo, a causa de la violencia bipartidista.

No estuvo durante la invasión, por razones personales, pero con astucia se hizo capturar para que la Policía lo llevara al lugar en el que estaban sus demás compañeros.

Al otro día llegué al terreno, estaba todo destruido, ahí mismo, con mi camarita, tomé una serie de fotografías, quité el rollo, lo escondí, le monté otro, ahí llegó la Policía a preguntar ¿qué estaba haciendo? Les dije que yo era parte de los que tomaron este terreno y me capturaron. Lo que me interesaba a mí era que me llevaran al lugar en el que se encontraba la gente, comenta Lucio.

A pesar de mostrar sus cartas de arrendamiento desde el principio de la detención, las y los detenidos seguían en un patio inmenso. La invasión del hoy barrio Nuevo Chile, antes Mar de la Tranquilidad, fue asesorada por la Central Nacional Provivienda (CENAPROV), una organización gremial que tenía como propósito luchar por la vivienda digna para las personas destechadas del país, acompañada por el Partido Comunista Colombiano (PCC).

CENAPROV ya tenía un importante bagaje en las tomas de tierra en Bogotá; con las experiencias en la invasión directa del barrio las Colinas y Policarpa, ubicados al sur y oriente de Bogotá, respectivamente, la invasión a los lotes donde existe el Nuevo Chile fue mucho más planificada, la estrategia ya no era la confrontación y la resistencia ante la invasión directa, sino, el ahorro colectivo y la negociación de los terrenos con los dueños.

Sin embargo, cuenta Lucio, lo que se sabe es que no hubo una negociación directamente con los propietarios, que eran cinco (la Liga de Fútbol de Bogotá, el Acueducto de Bogotá, dos mujeres y un hombre, de los que desconocemos sus nombres), esos cinco lotes los cuidaba un señor, pero el tipo se aburrió, entonces Provivienda habló con él y le dio una plata para que se fuera del lote y se lo dejara a Provivienda. Él, como estaba muy aburrido por lo solo del lugar, se prestó para que se tomarán los terrenos, ubicación de las tres primeras familias.

Julián Cortés, líder barrial. Perteneciente a una de las tres primeras familias que invadieron el terreno que hoy se conoce como el barrio Nuevo Chile. Material fotográfico cortesía de Lucio Lara.

En el suelo de la Alcaldía Local de Bosa, el incesante soplo  del viento dejó botellas de plástico y vidrio; noticias viejas en periódicos roídos; cartones húmedos por la lluvia; rocas; y ropa que absorbía el agua de los pequeños charcos que se formaron por el aguacero de hace unas noches; muchos de esos elementos fueron decomisados a las y los recicladores que circundaban los alrededores de la alcaldía. Allí fueron alojados durante cinco días las familias.  

La solidaridad no se hizo esperar, compañeras y compañeros del barrio Policarpa, de la Federación Sindical de Trabajadores de Cundinamarca (FESTRAC) y de la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia (CSTC) se volcaron hasta la Alcaldía local de Bosa para llevarles a sus camaradas ropa seca, cobijas, aguadepanela, tinto y sopa caliente, y demás alimentos para su consumo inmediato, dice Lara, esto le dio mucha moral a la gente. Añade, a la Policía no le gustaba mucho que nos vinieran a dejar comida y enseres, pero nada podían hacer, la presión mediática y desde el Concejo de Bogotá ejercida por el compañero Mario Upegui, del PCC y electo concejal por la Unión Patriótica, y el cabildante Carlos Bula, era mucha, por lo que el alcalde decidió dejarnos las puertas abiertas.

Retrato del patio en el que tuvieron recluidos y posteriormente en resistencia más de 34 familias que realizaron la toma de tierra. Material fotográfico cortesía de Lucio Lara.

Recordando un pasaje de la canción moral de combate, que dice aquí nadie está amilanado, dedicada al que fuera comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Alfonso Cano (Guillermo León Sáenz), Lara añade enérgico, teníamos las puertas abiertas, pero la dignidad en la lucha vale más que la supuesta libertad, la orientación era quedarnos, y dándole la vuelta a eso que en términos jurídicos se conoce como la casa por cárcel, pues nosotrxs nos tomamos la cárcel por casa, no iban a permitir que les concedieran una libertad a medias. Resulta que el alcalde les daría la libertad, siempre y cuando, regresaran a sus lugares de origen. Pero resulta que los pobres no tienen patria, región o bandera, no tenían otro lugar al cual llegar que no fuera el lote tomado. Así que se quedaron a resistir, empuñando palos, rocas y botellas, que abundaban en el suelo.

Pasados tres días, comenta Lara, organizan un grupo de matones para sacarnos a las malas, pero faltando unas horas para que la acción se efectuase, arriban los compañeros Mario Upegui y Carlos Bula Camacho a mediar con la Policía, la Alcaldía local de Bosa y el Ministerio de Gobierno. Llegaron al acuerdo de liberar a las familias y que regresaran al terreno ocupado, eso sí, sin los materiales de las casetas decomisados por la Policía durante la captura. Hay tensión en el ambiente, las y los tomadores de tierra no se quieren ir sin la materia prima para construir sus casas, así que la premisa cárcel por casa sigue vigente por dos días más, hasta que el alcalde menor de Bosa, capitán Sixto Fonseca ordena a la Escuela de Policía General Santander a devolver, lo que la policía había decomisado.

Durante todo este boroló, las familias organizan una asamblea para darle nombre al que va a ser su barrio. El terreno por el sosiego y la soledad que transmitía al estar allí, fue nombrado por la comunidad como Mar de tranquilidad. Posteriormente, con el triunfo democrático de Salvador Allende y el Frente Popular en Chile en 1970, y en solidaridad con el país austral, la comunidad mediante asamblea en 1973, decide nombrar al barrio Nuevo Chile. Recuerda con emoción Lucio Lara la visita al barrio del secretario general del Partido Comunista de Chile, Luis Corvalán.


III

Se estableció la comisión, en la que se encontraba Lucio, que iba a recoger los materiales decomisados por la Policía Nacional. Fueron tres viajes en la volqueta de un compañero que residía en el barrio Policarpa. Una vez finalizado el último viaje, se les envía la comunicación a las familias retenidas en la Alcaldía local de Bosa, que también funcionaba como prisión.

La alegría, el gozo, los gritos, los abrazos, invadían el patio en el que estaban recluidos. Recuerda Carmen con regocijo el momento en el que dicen que por fin están libres, qué felicidad tan grande, íbamos a regresar a nuestro terruño, a ese pedacito de tierra que estábamos luchando.

Esta lucha tenía mucho sabor austral, ya que en desfile salieron del lugar de reclusión, cantaban a desalambrar canción de Víctor Jara, durante el recorrido la gritaban al unísono. Atravesaron Bosa, salieron hacia Kennedy y ya en el barrio Socorro se sentía el palpitar de la tierra propia. Minotas rememora, y como si estuviera allí comienza a cantar,  A desalambrar, a desalambrar, que la tierra es nuestra, es tuya y de aquel (bis).

Dos palos conectan al Nuevo Chile con el Socorro. Pasan gateando, por fin llegan, exhaustos, pero con la frente en alto, ya tienen una historia que contar, una maravillosa anécdota que alimentará en un futuro la memoria de los movimientos cívicos y sociales de Bogotá. Comenta Lucio, a eso de las tres de la mañana ya no había solo treinta y cuatro familias, éramos, por lo menos, unas setenta familias. Mario Upegui empezó a mandar gente para acá de forma impresionante, es que el terreno era grande.

Al día siguiente se programó una asamblea para crear comisiones de trabajo, no se sabía quién quería trabajar más, las mujeres, mejor dicho, yo creo que eran las más activas.

En adelante, siguió el plan urbanístico, con el apoyo del estudiantado de ingeniería y arquitectura de la Universidad de los Andes, entre ellos el hoy senador Jorge Enrique Robledo del Polo Democrático Alternativo (PDA). Ellos elaboraron los primeros planos del naciente barrio.

El barrio entró en una etapa de consolidación, pese a los problemas propios de la lucha por la vivienda digna. Así mismo el gobierno emprendió un trabajo por dividir a los dirigentes del Nuevo Chile, con la creación de la Junta de Acción Comunal, antagonista de CENAPROV, en 1975.

Indica Lucio, el gobierno montó la Junta de Acción Comunal, incluso con las personas a las que mas les dimos las mano, que fueron los de la Isla. Añade, La Isla fue un intento de invasión promovida por la Alianza Nacional Popular (ANAPO), en un lugar en el que además de estar ubicado el basurero, era una zona muy cercana al río, así que era un terreno propenso a inundarse. Con ellos se montó la junta, su consigna era acabar con CENAPROV acá en el barrio y quedarse ellos.

Por su parte, Ana Caro, oriunda de Boyacá, y una de las gestoras de JAC explica las razones por las que se tuvo que crear la junta, fuimos a pedir el agua y la luz legalmente, en el acueducto nos dijeron que para solicitar el servicio de agua era necesario crear la JAC, que eso era del Estado, y lo mismo nos dijeron en la energía, que había que tener la personería jurídica. Se acordó, con unos pocos habitantes del barrio, entre ellos Ana Caro, Ceferín Briñez y Ancelmo Reyes, ir a la Alcaldía Mayor de Bogotá y solicitar la JAC.

Con dificultad logramos precisar nombres y relatos respecto a la historia de la creación del barrio. Entre uno de los libros revisados, La lucha por la vivienda digna en Colombia de Carlos Arango, encontramos que, Ancelmo Reyes y Cerafín Briñez, eran el apoyo de inteligencia del Estado para desestabilizar al barrio y su organismo de organización, atentando contra habitantes del Nuevo Chile y afiliados a la Central Nacional Provivienda.

Además, se había creado toda una campaña de desprestigio, en la que se decía, de acuerdo con el libro de Arango, que el barrio era una república independiente, habitada por gente de los más bajos estratos sociales y sin ninguna solvencia moral. Todo esto fue demostrado mediante documentación entregada por Julio Rojas al general José Joaquín Matallana, en la que también se comprobaba la infiltración de agentes del ejército como fue el caso de dos agentes del B-2, uno de apellido González y otro de nombre Libardo Tobón, provocadores dentro del barrio Nuevo Chile.

La lucha que vendría después sería la de los servicios públicos. Del barrio Socorro, en un principio, se traería la luz, dice Lara, nos organizamos tres personas para traer la luz, pero como no era para una sola casa, eso al iluminar no iluminaba nada, con decirle, iluminaba más un cocuyo. Así que, ese cable que se trajo, lo llevamos para la casa cultural, y como era para un solo lugar, ya se veía mucho mejor. Pero fue con la ayuda del concejo de Bogotá que se acordó con la empresa de energía, que se llevará el servicio de luz al barrio.

El acueducto, por su lado, instaló ocho pilas de agua, evitando que los y las habitantes del barrio fuesen hasta lugares lejanos por el agua. A forma de anécdota, Lucio señala que, ante nosotros ya teníamos un servicio de acueducto. Resulta que el compañero Julián Cortez, se consiguió un burro, le organizó una carreta y en ella traía cuatro o cinco canecas de agua y se las vendía a la gente, pero pues no daba abasto.

Con un esfuerzo conjunto entre los concejales afines a la lucha por la vivienda digna, se intercedió para que al barrio llegaran todos los servicios públicos y el colegio del barrio, el cual tuvo su última adecuación durante el año 2019, con ello listo se pudo legalizar el barrio. Cabe resaltar que las obras, tanto el alcantarillado, como la pavimentación de varias de las vías, fueron costeadas fruto del trabajo colectivo, así como también, construidas por quienes residen allí.


IV

El barrio Nuevo Chile se encuentra ubicado detrás del portal del sur de Transmilenio, a unas 6 o 7 cuadras de la Autopista sur. En principio parece un barrio común y corriente, plagado de comercio, carros parqueados al lado y lado de la avenida, buses de transporte público esquivando los carros mal parqueados. Hasta que se llega a la cancha que está frente al colegio Nuevo Chile, al alzar la mirada se ve un mural descolorido con el mismo nombre del colegio, con un Víctor Jara custodiando la hoz y el martillo, referentes del socialismo y el comunismo, respectivamente. Sus casas son particularmente inmensas, con un frente de siete metros y un fondo de catorce, sin duda, una vivienda digna, reconoce Lucio. Al rodear, el que parece un centro cultural, se encuentra un aviso de CENAPROV, indicando que su sede queda girando la calle.

Erika Trujillo, líder comunal del barrio Nuevo Chile, oriunda y desplazada de Huila, ha venido trabajando por la consecución de proyectos que permitan el fortalecimiento de lo ganado hace 49 años, mediante la lucha por la vivienda digna.

Erika conoce la historia del barrio, la defiende, y con su trabajo intenta reconstruir y mantener el tejido social construido durante 49 años de historia, el cual se refleja en el trabajo colectivo por mantener los espacios de uso común en buen estado, que funcionen las redes de servicios públicos y viales, así como en el mejoramiento de la calidad de vida de las y los habitantes, explica.

Es un ejercicio que lleva años, la historia que precede el trabajo que hoy permite que haya viviendas propias, dignas y con todos los servicios, se remonta a toda una tradición de lucha. Al tener un espacio propio, permite que escalar socialmente sea mucho más sencillo, no solo por la estratificación, sino por la vida digna a la que se permite acceder.

Hoy el trabajo que se realiza está encausado en la defensa de lo ganado en la lucha, mejorando la calidad de vida desde la infraestructura y, con trabajos relacionados con la salud deportiva y con la cultura, con acceso libre y desarrollados en el Centro Cultural, para niños, niñas, adolescentes, adultos y mayores. Y añade Erika, ahora bien, contamos con una buena cantidad de profesionales y licenciados que propenden por el mejoramiento institucional en la educación pública primaria y secundaria, así como por la defensa de la lucha por la vivienda digna que gestó, lo que tenemos ahora, eso sí, desde el trabajo con los abogados, licenciados, periodistas y trabajadores sociales.

Si bien se mantiene el tejido social, de un tiempo para acá, al suplir las necesidades colectivas, cada quien empezó a trabajar para sí, olvidando el ejercicio comunal, que debería estar en las raíces de los y las que aquí vivimos.

Menciona Trujillo, que algo que preocupa a las y los habitantes en este momento es el flagelo del microtráfico dentro del barrio, ha producido un aumento significativo en el consumo de droga en jóvenes. Añade, se han querido revivir los bloques de seguridad que se tenían antaño para defender las casas de la policía o de ladrones, pero no creo que la solución este en caminada en la exclusión e individualización. Por lo que se está trabajando en la gestión de proyectos para reducir la problemática, por ahora se están dinamizando actividades alrededor del deporte que sirvan como un primer espacio para quitar jóvenes del consumo y de la venta de droga, finaliza.

El trabajo de memoria no se ve mucho, más que la apuesta del colegio por que los y las estudiantes mediante trabajos asociados al periodismo, hagan ejercicios para conocer la historia de su barrio.

Es importante robustecer el trabajo de la memoria para reconstruir los tejidos sociales y políticos que en su momento le permitieron a las y los destechados ratificar su derecho a existir, contribuyendo en la construcción de caminos de lucha y resistencia, que tanto hace falta visibilizar. Pasar del olvido al no me acuerdo de Rulfo, es mantener la pasividad, eliminar el pensamiento crítico y mitificar el ser esclavo siempre. Es nuestra responsabilidad contribuir a la visibilización de las luchas sociales y las víctimas del conflicto para fortalecer la memoria de un país enterrado en el olvido.

Al final, esas grandes alamedas, que en el pasado poblaban lo que hoy se conoce como el barrio Nuevo Chile, y que la inclemencia del desarrollo humano, con el tiempo, las reemplazó por industrias con muros de ladrillo y concreto para la producción capitalista, se abrieron para que por ahí pasarán los olvidados de Buñuel, los nadie de Galeano, mujeres y hombres que al final de la lucha pudieron conseguir su vivienda digna.  

Sí vale la pena luchar. Despierta.

Retrato de uno de los Policías que hacía presencia durante las diferentes tomas de tierra en la ciudad de Bogotá. Material fotográfico cortesía de Lucio Lara.

Reportajes Recientes

Ciudad Bolívar con Rostro de Mujer: Una mirada a las luchas ambientales

El camino es largo para llegar a aquel lugar lejano e ignorado, al que muchos y muchas no se han atrevido a reconocer. Su paisaje es hermoso, al alzar...

La primera ciudadela indígena urbana en Colombia

El Cabildo Indígena Mhuysqa ubicado en San Bernardino en Bosa (Bogotá) está conformado por 320 familias que, durante 12 años, h...

¿Cómo son las expresiones y lenguajes de las Violencias Basadas en Género en las organizaciones sociales?

Si hiciéramos el ejercicio de preguntarle a nuestras amigas, vecinas, hermanas o madres sobre sus experien....